Mensaje del Rector

Mensaje de Rector

Bienvenidos al Instituto Oriente

EL INSTITUTO ORIENTE ES Y SEGUIRÁ SIENDO UNA OBRA EDUCATIVA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

04 Felipe Carrera

Llegué a esta hermosa ciudad hace siete años, invitado por el entonces Procurador General de Justicia y hoy Fiscal General del Estado, Víctor Carrancá Bourget. Un gran abogado y un gran amigo. Desde entonces compartí con él y con un gran equipo (Rodolfo, Juan Luis y tantos otros) la tarea de la procuración de justicia al servicio de la sociedad poblana. Gracias, Víctor, por haberme traído a Puebla: Alicia, Enrique y Luis Felipe (mi familia) siempre te estaremos agradecidos por ello.

Cuando llegamos a Puebla, fuimos objeto de una acogida cálida y afectuosa. Entre muchos otros, del rector del Instituto Oriente, el Padre Saúl Cuautle Quechol, SJ, que admitió a Enrique y Luis Felipe como alumnos y a Alicia como asesora de secundaria y a mí como profesor de bachillerato. De tu calidad profesional y humana, Saúl, no tengo mucho que añadir; pero sí puedo agradecer tu generosidad conmigo. Ahora te vas del Colegio, pero regresarás, por el nuevo destino que te ha dado el Provincial, con la autoridad de asistente de educación, y estaremos obligados a recibirte. Pero si no fueras asistente o dejaras de serlo, siempre serás bienvenido.

Ahora asumiré una nueva responsabilidad como rector de esta institución. Cuando se hizo pública mi designación, hubo reacciones de personas cercanas al colegio que se preguntaron por qué se había nombrado a un laico. Era comprensible: después de 148 años en los que el rector siempre fue un sacerdote jesuita, ahora se interrumpía esa tradición. Y confieso que esas reacciones me provocaron una inquietud: ¿Bajaría el número de alumnos? Me preguntaba si mi nombramiento provocaría la percepción de que los jesuitas se retiraban del colegio; la consecuencia visible sería que padres de familia que se habían acercado, e inscrito a sus hijos, por tratarse de un colegio de la Compañía de Jesús, ya no tendrían ese incentivo. Si ya no sería un colegio de jesuitas, mejor buscar otra opción. No fue así. Iniciaremos el nuevo ciclo escolar con alrededor de 3,100 alumnos, un número ligeramente superior a la matrícula del ciclo pasado. El número más alto de alumnos que ha tenido el Instituto Oriente. Quiere decir que los papás y los alumnos confían en que la Compañía de Jesús sigue presente. Y aquí está la Compañía. Por supuesto, el Padre Provincial, Francisco Magaña, su Asistente para Educación, Juan Luis Orozco, y el padre Felipe Carrera, asesor espiritual del Colegio, que nos acompañan en el presídium, junto con el padre Saúl Cuautle, el rector saliente. Pero también están aquí los jesuitas que concelebraron la eucaristía hace unos momentos: Fernando Fernández Font, Rector de la Universidad Iberoamericana de Puebla; Carlos Escandón, un jesuita que ha dedicado toda su vida a la labor educativa desde una óptica humanista; Jaime Porras, nuestro licenciado en Derecho Canónico actualmente director de Buena Prensa; Gerardo Cortés, de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México; Manuel Solís, mi paisano de la Ibero Puebla; Alfredo Zepeda, amigo y cómplice de muchos años y muchas batallas. Gracias, hermanos, por estar presentes esta noche.

Para corresponder a esta confianza de padres de familia y de alumnos, ahora lo puedo afirmar tajantemente: el Instituto Oriente es una obra de la Compañía de Jesús y lo seguirá siendo.

Porque se mantendrá la tradición educativa de la Compañía. La Compañía de Jesús nace en un ambiente educativo. San Ignacio de Loyola, su fundador, fue alumno de la Universidad de París entre 1529 y 1535; estudió filosofía y teología y obtuvo el título de Maestro en Artes (filosofía). Los siete primeros compañeros de Ignacio eran también estudiantes en París. Desde la fundación de los primeros colegios (Goa en 1543), hasta hoy, se ha acumulado una experiencia educativa de la Compañía de Jesús de casi 500 años. Y eso que Ignacio no pensó en fundar una orden educativa; quería un cuerpo apostólico que discurriera por el mundo a las órdenes del Sumo Pontífice. Pero, como se asentó en la Parte Cuarta de las Constituciones de la Compañía (texto en gran medida redactado por San Ignacio), para la misión hacen falta personas de buena vida y letras suficientes; sin embargo, dice Ignacio: “buenos y letrados se hallan pocos”; en consecuencia, pareció conveniente admitir a jóvenes que “diesen esperanza de ser juntamente virtuosos y doctos” [Constituciones 308]. Un binomio indisoluble en la mente de Ignacio: virtuosos y doctos. O como instruye en las propias Constituciones a los jesuitas de los colegios: “téngase cuidado que con las letras tomen también las costumbres dignas de cristiano.”

En otras palabras, seguiremos enraizados en la más original tradición educativa de la Compañía de Jesús, procurando una educación de calidad a la par de una formación humana y espiritual.

El Instituto Oriente es y seguirá siendo una obra de la Compañía de Jesús. Porque el colegio seguirá atento a los retos del mundo de hoy y seguirá capacitando a sus alumnos para enfrentar esos retos.

El siglo XXI aparece con grandes desafíos para la humanidad.

La pobreza, que no es virtud porque es producto de la inequidad y de la injusticia. Enormes sectores de la población, en México y en el mundo, que carecen de lo más elemental, al lado de pequeñísimos sectores que viven en la opulencia, el despilfarro, el desperdicio. Con toda la carga de angustia, de desesperación, de frustración y de violencia que la pobreza generalizada produce.

La migración: grandes flujos humanos que huyen de la pobreza y la violencia en sus lugares de origen, para intentar una mejor vida en países en los que son discriminados, maltratados, perseguidos.

La delincuencia y la criminalidad que se generalizan y que operan en forma organizada, desafiando con su poder y con sus recursos al poder del Estado.

La corrupción, un fenómeno que invade la vida económica y sobre todo la actuación de servidores públicos, y permea la vida política en la que adquiere carta de ciudadanía la simulación, la mentira, el engaño, la traición.

La degradación criminal de nuestro planeta; ya no sólo con fenómenos de antes como la deforestación y la pesca masiva e indiscriminada, sino con aportes de la modernidad: la contaminación de ríos y lagos con descargas de residuos químicos, la acumulación de basura no degradable, la explotación irracional de recursos naturales, especialmente del agua convertida masivamente en insumo para la explotación de gas.

Queremos formar hombres y mujeres que sean capaces de mirar de frente estos y otros grandes desafíos, y que sean capaces de indignarse por cada injusticia, por cada actuación criminal, por cada acto de corrupción. Queremos formar hombres y mujeres que sean capaces de plantarle rostro a estos desafíos, que sean capaces de rechazar lo indebido aunque eso indebido les resulte conveniente.

Que sean capaces de comprometerse con la transformación del mundo y de la sociedad.

El Instituto Oriente es y seguirá siendo una obra de la Compañía de Jesús. Porque seguiremos empeñados en la impartición de una educación de alta calidad.

En Puebla la oferta educativa es amplia y de calidad. Hay muy buenos colegios como el Benavente, como el Instituto Madero, como el Colegio Americano; aprovecho para saludar a sus rectores aquí presentes, el hermano Lasallista Rodolfo Vivanco, el Licenciado Job Romero, el Doctor Francisco Galicia: gracias por estar hoy aquí. Son nuestros amigos; la tarea educativa es tan grande que más que rivalidades demanda el concurso de muchos que se empujen entre sí para ser mejores.

Queremos ser competitivos en excelencia académica. Que nuestros alumnos aprendan a leer, a escribir, a memorizar, a razonar, a ser críticos. Que adquieran un alto grado de destreza en el razonamiento científico y en el pensamiento abstracto. Pero que no sólo sean inteligentes: que sean sabios.

Pero queremos promover un desarrollo intelectual que vaya de la mano con el desarrollo de la sensibilidad artística de nuestros alumnos: que se abran a la experiencia estética en la música, la danza, el teatro, la pintura. De la mano también con la destreza física y la excelencia deportiva.

El Instituto Oriente es y seguirá siendo una obra de la Compañía de Jesús. Porque la educación que impartamos tendrá el sello que la caracteriza: su espíritu ignaciano. El contexto social de los niños y jóvenes está impregnado de violencia, intolerancia, corrupción, ocultamiento de la verdad. A contracorriente de ese ambiente, queremos formar para la justicia, la libertad, el respeto a la ley, la responsabilidad, la honestidad, el amor a la verdad. En palabras de un experto en investigación educativa, además de gran persona y buen amigo, el Doctor Gilberto Guevara Niebla: “Para educar no basta con instruir, es decir, no basta con transmitir conocimientos y habilidades, se requiere, además, formar el espíritu.” (Gilberto Guevara Niebla; Lecturas para maestros; Cal y Arena; p.40)

Queremos formar alumnos con espíritu ignaciano. Queremos que nuestros alumnos se apropien y vivan el espíritu del “tanto cuanto”: que tanto han de usar las cosas creadas, los bienes materiales, cuanto les ayuden para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y tanto han de quitarse de ellas cuanto les impidan ese fin. Que se apropien del sentido de la indiferencia ignaciana, es decir, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta. Queremos formar alumnos que vivan el espíritu del magis: solamente deseando y eligiendo lo que más conduce para el fin que somos criados. Queremos, en este espíritu ignaciano, formar hombres radicalmente libres para ser radicalmente generosos y comprometidos con los demás, particularmente comprometidos con los que hoy son el rostro de Jesús entre nosotros: los pobres, los despreciados y marginados por su condición étnica o el color de su piel, los migrantes, los niños abandonados, las mujeres víctimas de violencia.

Queremos, en última instancia, formar a nuestros alumnos para el amor. Esa experiencia humana extrema que nos hace imagen y semejanza de Dios.

Queremos formar mujeres y hombres que sean la luz del mundo, que su luz brille delante de los demás, para que viendo sus buenas obras glorifiquen al Padre que está en los cielos (Mt 5, 14-16) Mujeres y hombres portadores de la buena noticia del Reino de Dios que llega. No simples predicadores de doctrina. Sí, en cambio, evangelizadores que lo sean porque con sus buenas obras dan un testimonio que mueva a los demás a glorificar al Padre que está en los cielos.

Recuerdo a Raúl Mora, jesuita al que muchos extrañamos. En una de sus clases de literatura citaba un pasaje extraordinario de una obra de Albert Camus en la expresaba a través de sus personajes su propia increencia religiosa. Se trata de Los Justos. En este pasaje, un terrorista preso le explica a su carcelero por qué no cree en Dios y en la religión. Y hace la explicación contando al carcelero la leyenda de San Demetrio. San Demetrio tenía una cita con Dios en las estepas. Iba a toda prisa a ese encuentro, pero en el camino se encontró a un campesino cuya carreta se había atascado en el lodo. Se detuvo a ayudarlo, pero el lodo era profundo y tardaron en desatascar la carreta. Por fin reanudó su camino pero aunque corrió, llegó tarde: Dios ya no estaba. Dice entonces el terrorista: habemos los que siempre llegaremos tarde a la cita con Dios porque hay muchas carretas por desatascar en los caminos. Y en este punto Raúl Mora sacaba su propia conclusión: lo que ignoraba Camus es que la cita con Dios no es en las estepas; la cita con Dios es en los caminos en los que hay carretas que desatascar. Y yo saco también mi propia conclusión: queremos formar alumnos que sepan buscar a Dios en donde Jesús nos dijo que estaría: en los caminos con carretas por desatascar, en los caminos en los que esperan nuestra ayuda todos los que sufren.

El Instituto Oriente es y seguirá siendo una obra de la Compañía de Jesús. Habrá continuidad. Pero no como anquilosamiento o resistencia al cambio. Habrá continuidad también en la apertura a lo nuevo, en el riesgo de la creatividad, sobre todo la que se aprende en la cercanía de los niños y jóvenes a los que formamos; porque estamos convencidos que nuestros jóvenes tienen mucho, muchísimo que enseñarnos. Los formamos con el respeto que nos da saber que algún día tendremos mucho que aprender de ellos.

Hoy inicio un periodo como Rector. Esa no es una tarea solitaria, nos convoca a todos. Porque todos tenemos un llamado, una vocación. Como dice el Apocalipsis: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.” (Apocalipsis 3,4)

Entramos para aprender, salimos para servir: eso dice la manta del frente de este escenario. Ese es el propósito, pero es un propósito compartido. Este colegio y su tarea educativa son un reto para todos los que de una u otra forma participamos en él. Todos tienen un puesto y una tarea.

Tienen un puesto y una tarea los directivos de sección (Cipri en Preescolar; Anita y ahora Claudia en Primaria; Yuri en Secundaria; Rosaura en Bachillerato; Andrea en el Bachillerato no escolarizado); junto con Tere en la administración, Pili en Recursos Humanos, Godo en la Dirección Académica, Adri en Formación Humana, Laura en Formación Ignaciana, Silverio en Deportes, Roberto en Servicios Generales. Un gran equipo que deja como brillante herencia el Padre Saúl. Un magnífico equipo para conducir y potenciar los aportes de todos.

Tienen un puesto y una tarea los profesores que integran nuestro cuerpo docente: no sólo para transmitir conocimientos sino para ser inspiradores y acompañantes de los niños y jóvenes que ponemos en sus manos.

Tienen un puesto y una tarea nuestros trabajadores administrativos, casi cuatrocientos, de los que me siento parte; porque integran este equipo y hacen posible el trabajo de los demás.

Tienen un puesto y una tarea las mamás y papás: compartimos con ustedes el reto y el objetivo; a ustedes les toca acompañar de cerca a sus hijos en este laborioso proceso de hacerse hombres y mujeres para los demás.

Y, sobre todo, los alumnos. Los de la SAIO: Luis Javier, Abraham, Fernando, Gustavo. Los de MUNIO: Andrea, Ernesto, y nuestro High Commander cuyo nombre no recuerdo. Pero no sólo ellos. Todos los alumnos, de todas las edades y en todas las secciones. Tienen que ser buenos alumnos. Pero no para un examen o una calificación, sino para la vida. Tienen que prepararse para enfrentar los retos de la vida. Tienen que prepararse para transformar el mundo: esa es su tarea.

Por eso mi invitación final:

  • TODOS LISTOS EN SU TRINCHERA.
  • TODOS A SUS PUESTOS.
  • PORQUE LA VIDA ES LUCHA.
  • MILITIA EST VITA.

Gracias.

Militia est vita
Lic. Enrique Flota Ocampo
Rector

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